Era una película que habían sacado hace poco del cine, por eso la daban ahí y cuando aparecieron trozos de piano, notas abandonadas entre las escenas marginales movía los dedos, tocando piano en los brazos del asiento. Movía los dedos sobre un piano imaginario todo el tiempo. Le gustaba Rachmaninoff, que debía ser algo así como un ruso con una bufanda de rayas rojas, mordida en los bordes por perros que lo atrapasen a la orilla del río durmiendo. Más tarde, en el puente que pasaba por arriba del Mapocho, apoyaron las cabezas en la baranda como si fueran a competir por quién escupía más lejos, pero él se quedó mirando las olas blancas que se dibujaban en espirales. Aparecían a veces en la noche siempre en el mismo lugar, no sé si mirábamos las mismas olas.
- Como esa que viene y se va- gritó riendo sin sentido- Aparece, ya no está.
Dijo de repente que la vida debía estar hecha de actos poéticos revueltos juntos en una olla como la tele, que sería bueno que las pupilas fuesen así por otra cosa (“¡divinidad!” rió) no por estar volados. Miró el agua del río sonriendo:
- Estoy loco, pero es un secreto.


5 comentarios:
con lo del ruso y las bufabdas e acode cundo un perro te robo un chaleco jujui
uyyy me senti comodidad con este cuento, como de los clasicos ^^ )
uyyy me senti comodidad con este cuento, como de los clasicos ^^ )
estoi loco pero es un secreto (LL)
estoi loco pero es un secreto (LL)
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