jueves, diciembre 17, 2009

David

Los detalles de uñas sucias que tocaban mal un tambor se deslizaban en el aire. Detrás de la pantalla, ellos también creían en lo que alimentaron otras pantallas hechas de puntos de colores: en el héroe atrapado por su traje de vagabundo. Bob Dylan y el peinado deshecho elevado al cielo, las armónicas y el terror a la noche que solo más luces y ruido podían terminar. El terror y él, enamorados.

Sin embargo, se rehusaba a ser otro cliché que ella pudiera coleccionar junto con sus cigarros y las monedas, y las cuerdas y la historia de papá disfrazado de Monroe. Aún así conservó la guitarra entre cajones llenos de lagartijas con palabras idiotas para estrellar contra los dientes amarillos en un porrazo que se dio pensando en las uñas, como un tambor, en vos (no, no era argentino, era un). Y cuando se daba cuenta de la mentira agigantada con brazos como muslos, y satélites atrapados en su cuerpo mentiroso enredado, pensaba en llorar. Pensando se acordaba de Major Tom, su nave, la cuenta 4 3 2, Stardust, y ground control: ashes to ashes, we know Major Tom’s a junkie.

2 comentarios:

Favio Bolssa dijo...

vida de david

simba dijo...

"el terror y él enamorados " (L)