sábado, noviembre 28, 2009

Musica de cañerias

Hacerse viejo es muy extraño. Lo principal es que te lo tienes que estar repitiendo: soy viejo, soy viejo. Te ves en el espejo mientras bajas por las escaleras mecánicas, pero no miras directamente al espejo, echas una miradita de lado, con una sonrisa de precaución. No tienes tan mal aspecto; pareces una vela polvorienta. Qué se le va a hacer, que les den por el culo a los dioses, que de den por el culo a todo este juego. Tendrías que haberte muerto hace 35 años. Esto es un poco de paisaje extra, más ojeadas al espectáculo de los horrores. Cuanto más viejo es un escritor, mejor debería escribir; has visto más, sufrido más, perdido más, estás más cerca de la muerte. Esta última es la mayor ventaja. Y siempre está la siguiente página, ese folio en blanco, de 21 X 29,7. La apuesta sigue en pie. Luego siempre recuerdas algo que ha dicho alguno de los muchachos. Jeffers: “Muéstrale al sol tu ira.” Una maravilla. O Sartre: “El infierno son los demás.” Dio en el blanco, y lo atravesó. Nunca estoy solo. Lo mejor es estar solo pero no del todo... Pobre chica. Tenía un defecto en el cuello, no podía girarlo. Aparte de eso, era perfectamente hermosa. Se divorció de mí, e hizo bien. Yo no era lo bastante bueno ni lo bastante grande como para poder salvarla.
(Bukowski, 1983)


1 comentario:

die welle dijo...

das senior es mui weno