domingo, agosto 18, 2013

la patada

A veces es bueno, es bello, que te abrace alguien que no conoces, porque no le tienes que devolver el abrazo ebrio y sin memoria. También es triste, la mayoría de la veces, que nadie más te abrace. Reconocer en el olor a cigarro de unas manos que nadie más va a volver, y, con nadie más me refiero a todos que no son nadie que eres tú. Me tropiezo con la calle, choco con las caras, pateo las preguntas y las veredas, no hay nada más. Me escondo. Quiero cavar una cueva debajo del paradero, en el asiento de la micro, en mi casa. Y no ver a nadie más (que son todos que eres tú). De repente me doy cuenta: mi pequeña venganza jamás será, porque va desfasada y es imaginaria. Aunque me meta con todos los que no son nadie y menos tú, es una venganza destartalada y fantasma. Que no llega a tu casa ni golpea tu puerta, ni se sube en tu cama y mira la televisión. Ni se topa con tus patas cuando hace frío y están heladas y estás durmiendo y no te das cuenta, nunca te diste cuenta de eso ni de nada. A veces es triste que te abrace alguien que no conoces, pero hasta ahora es lo único que tengo: mi venganza imaginaria, naria, aria, ria, ia, ya.

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