Se me están cayendo los salvajes, replegando los libertos con los florines ambiguos de ananá. Nos comeremos los injertos de feroz podredumbre en las palabras acalambradas de la terrible mujer mona. Carámbanos en nuestro bigote de señor tórrido corre como toro, corre que te echo de menos. Corre, que te quiero. Las putas están lloviendo (¿llorando?), está tan nublado. Hay que soterrar este cine cínico de las palabras muertas que me están carcomiendo, ya po, escóndemelas en los robadiles, en tus carriles de ferrocarril desdichado, en tu sonrisa desbocada, en mi desesperación. Vámonos. Vamo! Va mono- me sonrió.
También vimos una mujer reír y bajar del auto con el vestido hasta arriba. Las fantasías, las sustituciones de los amantes, sus préstamos de palabras raras, eran una epidemia grandilocuente.


2 comentarios:
tragedia de selva
soter errar
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